Los Reyes Magos de Oriente

La tradición de los Reyes Magos de Oriente se basa en los relatos bíblicos, específicamente en el “Evangelio de Mateo”. Allí, sin especificar si eran tres ni de dónde provenían, se menciona a unos magos (título que se podría interpretar como “sabios”) que, guiados por la estrella de Belén, buscan al rey de los judíos que acaba de nacer para rendirle homenaje y obsequiarle oro (representando su naturaleza real, como presente conferido a los reyes), incienso (que representa su naturaleza divina, empleado en el culto en los altares de Dios) y mirra (un compuesto embalsamador para los muertos, representando el sufrimiento y muerte futura de Jesús).

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Otros  evangelios no recogidos en el Nuevo Testamento son más específicos, como el de Tomás, que afirma que llegaron desde Persia, Babilonia y Asia con tres legiones de soldados cada uno.

Según interpretaciones posteriores, los Magos fueron considerados originarios de Europa, Asia y África, representando de esta manera a todos los continentes conocidos en ese entonces, pero incluso hasta en la actualidad se siguen realizando conjeturas, como la del reciente Papa Benedicto XVI que plantea que provenían de Tartessos, en la actual Sevilla.

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Con respecto a sus nombres, las primeras referencias parecen remontarse a dos textos del siglo V, el primero titulado “Excerpta latina bárbari”, en el que son llamados Melichior, Gathaspa y Bithisarea, y en el “Evangelio armenio de la infancia”, se les menciona como Balthazar, Melkon y Gaspard.

También se afirma que después de la resurrección de Jesús, el apóstol Tomás los halló en Saba (India), donde fueron bautizados y ordenados obispos. En el año 70, luego de martirizados sus restos fueron llevados a Bizancio por Santa Elena. Posteriormente, Federico I Barbarroja, en el siglo XII, los trasladó a Colonia, donde hoy se veneran sus cenizas con las coronas que supuestamente llevaron durante su existencia en una urna dorada en la catedral de esa ciudad.

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Con el tiempo, en países de tradición católica se adoptó la costumbre de celebrar al mismo tiempo el día de la Epifanía (el 6 de enero) y la festividad de los Reyes Magos, conjugándose así la manifestación de Jesús al mundo no judío con la fiesta que representaba ese mundo de gentiles. Poco a poco, se fue olvidando el significado verdadero de la palabra epifanía y la convirtió en un sinónimo de adoración de los Magos.

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Ya en épocas recientes, se comenzaron a realizar las Cabalgatas de Reyes el día 5 de enero, durante la cual los personajes suelen ir montados a caballo o en carrozas, vestidos con mantos y coronas, en lugar de la vestimenta frigia.

También se ha popularizado el regalo a los niños como símbolo de la ofrenda a Jesús, para lo cual los Reyes recogen sus pedidos los días previos por medio de pajes reales. Los niños deben dejar sus zapatos limpios en la noche del 5, así como agua para los camellos reales. Y en la mañana del 6 los que se han portado bien durante todo el año reciben sus obsequios… y los que no lo han hecho, sólo carbón.

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